sábado, 19 de marzo de 2016

Siempre es bueno escribir un libro


Siempre he llevado en la conciencia la idea de que todo hombre, debe escribir un libro en su vida, para dejar vestigio de su legado, en este sentido les presento el libro escrito por un gran hombre: mi padre, honor a quien lo merece. Estoy muy agradecido de ser su hijo.

Creación literaria basada en la experiencia de mi padre.
El Libro de mi Padre

Relatos y Vivencia sobre las Raices de Mi Pueblo

El libre recopila las vivencias de un maestro venezolano, descrito de una manera muy especial. En este libro, las narraciones expresadas son reales y representan los recuerdos de un destacado educador trujillano.


A continuación les dejo un pequeño fragmento de su libro:
"Comencemos nuestro interesante recorrido en Buena Vista que es el primero y más dinámico pueblo de la zona baja de Monte Carmelo. Este Caserío comienza a poblarse al paso de la Carretera Panamericana con el nombre de El Campamento, llamado así, porque la compañía Zimar, constructora de la vía instala un campamento a orillas abajo del río. Después le dieron el  nombre del Campo de Buena Vista Arriba. Es de clima caliente, de producción agropecuaria, con un marcado desarrollo comercial e industrial.
Buena Vista abajo, Caño Negro y Mimbosito ya eran pequeños asentamientos campesinos de vieja data. Se especula que sus primeros pobladores eran familias de obreros que desertaron del Central Azucarero de El Batey, (Central Venezuela) propiedad de Juan Vicente Gómez, a mediados de la década de 1908. Entre ellos: Cruz Alpuria, Ramón Contreras, y Casilda.
Al paso de los años llegan otras familias de labriegos, comerciantes, soñadores de mejores formas de vida y de bisoños romances, entre ellos: Luis Navas, Braulia, su progenitora, Simona Uzcategui, su esposa. Luis Patule, el Gato Héctor Valero, Chicoco; persona de ambiciosa visión futurista que se dedicaron a criar ganado vacuno. Aucensio Viloria y familia: Julia, Sancha, Ovidio, Adriana Barrios su compañera, todos ellos procedentes de Betijoque.
Aucensio, de joven fue un hábil comerciante tenía un arreo de mulas y llevaba a flete cargamentos para otras rutas comerciales. Le fascinaba la recia música del cuatro. Su pasión por este instrumento lo lleva a estudiar esta apasionante profesión. Tuvo excelentes maestros, entre ellos, los renombrados cuatristas David Navea y Pablo Moncayo.
 Entrado en años abandona el cuatro, también a Adriana su primera concubina y se rejunta con Tiófila Venegas. Al morir Ovidio su fiel compañero, año 1968, vende su finca platanera de Mimbosito al Dr. Faba, dueño en ese tiempo, de la explotación agropecuaria de Caja Honda y se muda para Valera, donde muere al poco tiempo 1978.
Chicoco: Extraño personaje, tenía un pequeño conuco en la Guayana de Mimbosito, sus únicos familiares conocidos eran el Gato Héctor Valero, era conocido por todos, pero nadie lo llegó a conocer. Su hobby era vagar por los diversos caseríos de la comarca, en una de sus correrías llega una tarde a San Rafael de Caus, en casa de Elena de Viñas y la manda preparar un pollo asado y machacado. Al comerlo, corrió con la mala suerte de tragarse una astilla de hueso que se le clavó en la garganta que le causó la muerte en el nesocomio del Batey año 1953.
Para 1935, Buena Vista era visitado por jinetes de polainas encharoladas que iban de Betijoque, entre ellos Alfonso Monagas, visitante muy temido por los niños, porque al llegar espoleaba el caballo y gritaba ¡Arre mañoso! Alberto Parra, los Arjona y otros.
Dejemos estos interesantes relatos para continuar nuestro viaje. Salgamos de Buena Vista, subamos unos 4 km aproximadamente para llegar a El Albarico, caserío coetáneo con el anterior, de clima fresco y agradable produce café, cacao y ganado vacuno. Al subir unos pocos km avistamos El Anteojo, caserío de vieja data, quizás fue uno de los primeros que se poblaron en la zona baja del municipio Monte Carmelo, es productor de café, cacao y otros rubros agropecuarios. Subiendo a la derecha, un poco retirado de la vía, se hallan otros fundos campesinos: Las Dantas, El Cogollal, San Pedro, El Prado, San Rafael del Palmar. A la izquierda, algo retirado de la vía vemos: Santa Rita, Mesa de las Pavas, Filo del Cachicamo, Filo de los Monos.
Dejando atrás las Piñas, El Pescado, El Playón y Belén, arribamos la Amarilla abajo. Entre estos dos parajes, Belén y el puente de La Amarilla, existen otros fundos cafetaleros: La Popa, Campo Alegre. Este es un caserío muy hermoso y sugestivo, Pues bajo los ramajes de sus sombríos cafetales crecen en espontánea profusión unas rastreras plantitas que los labriegos de aquel lugar llaman Amor Ardiente, que al abrir sus vistosas flores dan al paisaje su rosado colorido.
Continuando nuestro bucólico recorrido, valle arriba del bullicioso río llegamos a Monte Carmelo. Apeámonos en la Garita y hagamos una corta escala para conocer tan elegante población. Recordemos que el municipio Monte Carmelo es el más extenso en territorio pero el menos poblado que tiene el Distrito Escuque, su poblamiento puede remontarse a tiempos de la Conquista y fundación del Estado Trujillo años 09 – 10 – 1556 a 1656 y sus primigenios pobladores procedían de Escuque, Valera, Betijoque y Mérida. Después llega una reducida ola de familia de inmigrantes italianos: Los Quintine, los Garbati, los Poggioli, Adriani, entre otros. Esta diversidad de poblamiento se debe a su benigno clima y tranquila paz de su ambiente".
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Hablemos de SIG, Actualizado en: 21:01:00